Blog (thoughts & News)

Desfile de sueños plásticos

“Cuidado con lo que sueñas” – me decía mi mamá…

Al inicio del 2016, me decidí a llevar a cabo muchos proyectos y me atreví a hacer planes para que algunos de esos “sueños o deseos”, por más estúpidos que sonaran, se hicieran realidad. Debo decir que no había hecho algunas de estas cosas, por miedo a ser criticada, pero arrancando el año me dije, cual cuervo de Allan Poe: “Never more…”

Y estuvo muuuy bien: volví a bailar y cantar como si nadie me viera o me escuchara, volví a escribir como si a todos les importara, volví a actuar como si nadie más pudiera contar la historia que yo estaba contando y fui muy feliz. Llegó diciembre y la oportunidad de hacer realidad un deseo que había olvidado que tenía: subirme a un carro alegórico en un desfile navideño. Suena estúpido, ya lo sé, pero hace años llegó ese deseo a mi mente. Todo empezó cuando mis papás me llevaban a ver los desfiles, luego veía otro desfile espectacular transmitiéndose en la televisión desde alguna parte del mundo, o los desfiles que nunca faltaban en las películas navideñas de canal 5. De esas con doblaje horrendo pero que muchos veíamos cuando estábamos de vacaciones y no existía Netflix.

Aún con miedo a las alturas, no sé cómo llegó esa ilusión de subirme a un lugar tan alto y ver todo desde ahí. Pensaba: ahí no debe sentirse el frío navideño, pues los personajes no dejan de sonreír y saludar a todos; ahí no importan las cualidades físicas pues todos lo que están ahí se ven hermosos y espectaculares; ahí todo es gigante, ahí hay magia; ahí todo es perfecto. Así que recibí la invitación y sin dudarlo, acepté.

Día 1.

No importaba cuánto me iban a pagar, no importaba estar 5 horas antes para la caracterización de muñeca de plástico (“qué más da el personaje que me den, me veré hermosa!”), no importaba que no conocía a nadie, no importaba que iba a invertir todo un fin de semana en la tarde y noche, no importaba que iba a hacer frío (ni se iba a sentir, por supuesto!)… todo estaba en segundo plano cuando pensaba: “me voy a subir a un carro alegórico!!” (Viajera ingenua) Y así fue. Primero, el maquillaje espectacular por el maravilloso Francisco Rangel.

Traslado… nada espectacular… pero claro, si de lo que se trataba era de mantener nuestras identidades en secreto, nadie debía saber dónde iban los personajes… “Aquí se bajan personajes y esperan a que les hablen”. Una calle olvidada, lluvia… los niños se me quedan viendo con cara de susto… Una señora le pide a los reyes magos que se tomen una foto con su niña. Gaspar pregunta: ¿también con la muñeca? La mujer hace como que no escucha y se va. La lluvia se hace más intensa; las zapatillas de princesa frías y mis pies helados; mi vestido de pastel aplastado por los charcos del piso; la peluca plástica – sacada de un personaje de ánime japonés – antes era mi paraguas, ahora se ha convertido en una cosa en mi cabeza que dirige chorros de agua hacia mi cara y que empiezan a estropear mi maquillaje… No, el maquillaje es espectacular y lo hizo Francisco Rangel, así que no puede estropearse. Me seco con lo que me queda de seco en el vestido y en eso, música celestial: los carros alegóricos van pasando!! ¿En cuál nos vamos a subir? Le pregunto a una chica que no es personaje y parece saber acerca de la organización… “No sé, sólo estoy ayudando” Pregunto aquí y allá y nadie sabe nada. “Heyt… shht, muñeca!” Volteo y un títere gigante está entrecerrando el ojo… parece que me está coqueteando. Nunca me había dado tanto miedo un juguete. “Tengo que cerrar los ojos por el maquillaje, no pienses mal.” -Ah, no para nada – Le respondo y él continúa. “-Parece que el desfile se va a cancelar, pero si no se cancela, creo que te subirás conmigo al carro de los juguetes.-” Y en eso, unos veinte Santas pasan frente a nosotros haciendo un ruidazo con sus motos: ¡¡¡ni que fuera 24 en la noche!!! Les vale.

Una niña me mira, curiosa, le sonrío, ella sonríe de vuelta y le pide a su mamá una foto. Me conmueve. Escucho nuevamente al títere: “Oye muñeca, podrías quitarte del medio, la niña quiere tomarse una foto conmigo” -Ah… claro…- El desfile se cancela y yo me voy al camión de los personajes. Sólo pienso: “no importa nada, mañana me subiré a un carro alegórico.”

Día 2

Aunque el pronóstico climático no era nada esperanzador, volví al día siguiente, pero ahora más preparada: una crinolina se encargaría de defender el vestido de los charcos; unas botas protegerían mis pies del frío, una blusa color carne de chemisette -auspiciada amablemente por mi mamá- se encargaría de protegerme del frío; y claro, le pedí al maravilloso Panchito que me fijara doblemente el maquillaje, por aquello del tormentón que se avecinaba. Venga, nada puede salir mal en mi operación: “Muñeca viajera en las alturas”.

Llegamos al lugar y está lloviendo más fuerte que el día anterior. “Dijeron en las redes que esté como esté el clima, el desfile no se cancela, así que bájense personajes! En un rato les dicen a dónde subirse.” Por fin, llegó el momento. La peluca vuelve a dirigir los chorros de agua hacia mi cara pero no importa, la crinolina la olvidé pero no importa, las botas están empapadas y mis pies más y a parte helados, empiezo a estornudar y a moquear, pero no importa; hay niños que siguen viéndome como sacada de un cómic japonés que no alcanzan a distinguir y sólo toman fotos desde lejos… pero no importa. No importa nada porque (música celestial) ahí están los carros alegóricos. Y hoy se ven más espectaculares porque ya para las 7pm. con el horario de invierno, hay más contraste. ¿A cuál nos subiremos?

Nadie nos sabe decir pero no importa porque todo está iluminado -artificialmente- pero iluminado; la música navideña distorsionada por la lluvia y las distancias, empieza a sonar; gente por todas partes; aparecen las botargas, los globos gigantes de diferentes patrocinadores y multitudes de niñas bailarinas con sus moños de colores, con chaquetas de todos los estilos diferentes, pero eso sí con sus tutús, sus mallas y sus zapatillas, todas listas para promocionar a sus academias de baile. Empieza el ruido de los Santas en motos, pero esta vez no tarda mucho porque arrancan el desfile. Los carros alegóricos empiezan a pasar y nosotros seguimos esperando instrucciones de quienes dicen saber pero en realidad no saben nada. Una niña con tutú está arriba de un carro alegórico y le grita a su mamá que ya se quiere bajar (dichosa ella que ya está arriba), la mamá diciéndole que sonría y que se quede ahí… “Hey muñeca”- le digo a la tradicional muñeca mexicana – “¿Ya te dijeron dónde vamos?” No sabe nada.

De pronto, frente a mí un carro alegórico espectacular lleno de juguetes… (Carol of the bells) ¡Nooo! El títere saludándome y sonriendo con su boca falsa y sus ojos bien abiertos. Le valió, ni siquiera cerró los ojos como se lo pidieron. Entre aplausos, fotos y chiflidos, le grito a la mujer: ¡Nosotras vamos ahí también! El carro pasa y la mujer no sabe qué hacer… “¿Ustedes iban ahí? (silencio súmamente incómodo…) Bueno, ¡váyanse caminando atrás del carro! – ¿Dettrrrás-ddell-caarrrro? {y aparece la muñeca furiosa (1)…} – Sí mira, ¿ves esas personas bailando? Váyanse detrás del monstruo morado……… – Y entonces olvidé todo gesto de bondad y paciencia: “¡Yo no voy detrás del carrooooo! No vengo preparada para caminar todo el desfile, ¿no me ves con mi vestido de pastel, mis botas altas, y mi maquillaje de plástico que no me deja abrir los ojos???!!” Se acabó. Me levanto el vestido y me voy decidida a subirme al carro que siga. “He muñeca mexicana, vente, vamos a subirnos a un …inchi… carro” ¿Ya te dijeron cuál? -me pregunta- No, pero no voy a ver pasar mi sueño frente a mi una vez más. (A su…) en realidad no dije eso, pero sí lo pensé. Nadie sabía nada y si quería que todo valiera la pena, iba a tener que hacer algo yo misma.

Me topo a los reyes magos y les digo: “Muchachos, nos vamos a quedar con ustedes para subirnos al carro” A ellos no los podrían olvidar, además, ¿qué más daba si había más personajes adorando al niño Dios? De pronto, el grito la mujer: “¡Ese carro es el de la muñeca!” Volteo y todo sucede en cámara lenta. El carro está a punto de pasar frente a mí, muevo a los reyes magos, agarro de la muñeca a la muñeca mexicana y corro hacia el conductor: “¡Señor, señor, ahí vamos nosotraaaaas!!!!” El hombre se detiene. (Escucho campanitas de magia) Gracias, señor, gracias, gracias. -“Stá bueno, brínquenle!” – Órale muñeca, vamos a brincarle. – El carro es gigantesco y le hace bullying a nuestra estatura. Asímismo, otros hombres riéndose de las muñecas que intentan “brincarle” en el carro y el otro de atrás pitando porque el desfile está parado. La muñeca furiosa grita a los hombres para que nos ayuden. Lo hacen. Por fin arriba. Nos acomodamos en donde hay lugar, sin darnos cuenta que es justo entre las piernas de una muñeca gigante que está acostada… parece que nos está pariendo pero no importa, ya estamos ahí. Saco el celular para tener la evidencia de que se hizo realidad mi sueño -por más estúpido que fuera… y vaya que lo fue- El celular da su último respiro y se apaga. ¡El cel de la otra muñeca! …dejó sus cosas escondidas atrás del carro. No queda más que disfrutar el momento y luego escribirlo o platicarlo, ya no se si como sueño o como pesadilla, pero definitivamente debo compartirlo. (Aquí iría otra foto…)

No era como pensaba, la altura sí me daba miedo, el frío se sentía hasta los huesos, el vestido, el maquillaje y todo era tan… de muñeca de plástico… después de un rato, entiendo por qué el títere tenía los ojos abiertos. (música de “Mi pobre angelito” cuando su mamá regresa) Frente a nosotros había un desfile de ilusiones, las caras de los niños iluminaban más genuinamente la noche que aquellas luces ridículamente fosforescentes. Mi sonrisa dejó de ser plástica para convertirse en un diálogo con mis jóvenes espectadores. Hasta los adultos estaban emocionados. Recordé cuando era niña… y ahí estaba soñando nuevamente… cuando pasamos frente a los micrófonos y el presentador dice: “Y aquí viene la bella muñeca mexicana… y… su amiga…” (la música se detiene brúscamente) Volví a la realidad…una realidad que como la música, parecía estar distorsionada. Efectivamente, en ese carro, sólo debía ir la muñeca mexicana, y yo con los otros juguetes, pero ¿qué más daba? Ya estábamos ahí… y sonreimos.

El desfile terminó y el conductor bajó de carro. “¡Ya se acabó muchachas, brínquenle!”  la muñeca furiosa piensa: ¿En serio no es evidente que no puedo “brincarle”? la viajera escénica habla – Señor, necesitamos ayuda. El hombre accedió amablemente a ayudarnos y doble porque ya nos habíamos bajado y olvidamos que nuestras cosas se habían quedado arriba y antes de que volviera a decir: “Brínquenle”, le dije que no me iba a ser posible “brincarle” y que iba a requerir su amable ayuda nuevamente. Nos bajamos. ¿Y ahora? A buscar el camión de los personajes… Después de caminar y caminar encontramos el autobús y finalmente nos devolvieron al teatro… ¡Ah! y nos dieron un sandwich…

Pensamiento viajero

Hoy pienso que los medios y el sistema educativo y de gobierno se han encargado de caracterizar e iluminar artificialmente a la realidad. Ahora me parece tan real la película de “Inception“, pues pareciera que muchos de mis sueños han sido implantados por alguien más; de tal manera que me han hecho pensar que es mejor seguir indicaciones al pie de la letra, aunque seamos guiados por quienes no saben dirigir, nos han pedido soñar y no abrir los ojos, porque todo será más bello… ¿y entonces debemos cumplir nuestros sueños a como de lugar?

En el inicio de este 2017 como la canción “sólo le pido a Dios” que no me permita tener sueños de plástico, porque si bien es cierto que el año pasado me divertí mucho y me decidí fírmemente por cumplir propósitos y metas, también me encharqué, también la regué, también me agüité, también se me estropeó el maquillaje muchas veces… (Panchito, pásame la marca de los cosméticos, porfisss!!)…

¿Cuáles son nuestros sueños de 2017? ¿Realmente son nuestros? ¿Estamos dispuestos a abrir los ojos en este 2017, a observar que hay algo que requiere de nuestra atención más aún cuando la música se acaba, cuando se apagan las luces y cuando ya no hay disfraces? ¿Estamos dispuestos a tomar acciones y correr, y hablar o gritar si es posible, y por qué no “brincarle”… en lugar de sólo ver pasar los sucesos frente a nosotros, en lugar de saludar a los títeres, que intentan sonreir a pesar de todo? Basta de pan y circo. 

Mi deseo para este 2017 es que, contra todo pronóstico del tormentón que se avecina para México, nos decidamos a vivir felices, a participar del arte y la cultura pero llevando a cabo propósitos firmes, porque éstos más que los sueños plásticos, constituyen las metas que nos hacen crecer como personas, pero también como sociedad.

¡Mis mejores deseos para todos los viajeros en este 2017!

¡Ah! …y como dice mi mamá: ¡cuidado con lo que sueñas!

¿Has tenido algún sueño parecido? ¡¡Compártelo, me encantaría leerlo!!

NOTA: Todos los eventos aquí descritos son una combinación de la percepción entre la viajera escénica y la muñeca furiosa. Ambas hacen drama y tienden a exagerar la realidad… 😉

(1) “Muñeca furiosa” es un término acuñado por los viajeros/creadores escénicos Alejandro Franco (Locomoción Noicomocol, Querétaro) y Nury Sandoval (Puercoespines Teatro A.C., Colima), en San Luis Potosí para referirse con cariño a esta viajera escénica.

El descongelador de las ideas o historia de un bloqueo creativo

Cuando hay una hoja en blanco frente a mi, pienso dos cosas: (1) Hay mucho que escribir y (2) ¿Cómo empezar?

Hoy sentí que mi cerebro era un refrigerador de ideas…no, no un refrigerador, un congelador. Las ideas estaban ahí pero no se movían, estaban frías… no, no frías, congeladas…

Young Woman Drawing (1801, Metropolitan Museum of Art) elaborado por Marie-Denise Villers (posiblemente un autoretrato que representa un espíritu femenino de independencia). // Me gustó porque está decidida a crear pero su mirada parece que no está puesta en el lienzo, sino en su espectador, quizá esté imaginando lo que está a punto de crear, o quizá tenga un bloqueo creativo.

Empezaré comiéndome un snack, o una fruta. Seguramente la falta de azucar hace que las ideas no fluyan tan rápidamente y muevan la pluma. Ansiedad, porque hambre no es. Saco la fruta del refri. Está caliente. No caliente caliente, pero lo suficientemente para decirme que algo anda mal. Abro el refrigerador otra vez, y sí, efectivamente algo está mal. No está frío. ¿Se descongela solo o qué? ¿Lo desconecté sin querer? No. Lo desconecto a propósito y lo vuelvo a conectar -si funciona con mi cel y mi lap…- Nada. Oprimo los botones que veo y sólo se apaga la lucesita o salta agua… caliente, para variar… No caliente caliente pero… Lo bueno es que no se echó a perder nada, lo que me recuerda que tengo que ir a hacer despensa, no la despensa despensa, más bien una despensita pequeña, pero muy inteligente. En este momento me siento como esa despensita: pequeña ante la libertad creativa… aunque no he escrito nada, lo cual no me hace muy inteligente.

Me siento decidida. La hoja en blanco, la fruta caliente, la despensita inteligente… ¿qué voy a cenar? ¿Cómo planear la despensita si aún no sé lo que voy a querer comer mañana? Soy afortunada de tener opciones… No hay opción. Voy a hacer la despensa. No la despensa, despensa…

Comida enlatada, pasta, fruta y verdura… pocas cosas y que no necesiten tanta refrigeración, aunque la fruta es más rica cuando está fresca, o ya cortadita como en el bote de litro que venden en heb… No, no me la voy a acabar. Además, es más cara. No cara cara, pero sí para mí en este momento. Por eso escribo, por un extra… un extra que no he escrito. Aunque no quiero un escrito escrito… había pensado en una obra de teatro. No precisamente para presentarse en el teatro teatro, más bien algo así como un performance, aunque para el performance performance no es necesario el escrito, pero… esto no es un escrito escrito…

100 pesos. Cena, desayuno, comida y hasta unos snacks -calientes, pero no importa-. Hago unos platillos buenos, bonitos y baratos. Mmm… Me estoy haciendo buena en esto de cocinar. Aunque buena buena, la tortilla mexicana. Tal vez deba poner un restaurant, no un restaurant restaurant, algo modesto que me genere un ingreso extra. Eso no existe, todo restaurant, aunque modesto, debe implicar mucho trabajo, mucha gente, muchas h…  ¡Ya lo tengo!

“Acto 1. Escena I. (Se abre el telón. Aparece un restaurant mexicano y un refrigerador descompuesto… No descompuesto descompuesto, más bien descongelado…)”

Viajeros, ¿me compartirían sus historias de bloqueos creativos?

Recomiendo este sitio: https://umojawritingcomp.wordpress.com/2015/01/15/writers-block/

“If writer´s block is staring you in the face, describe its taste, color and texture.” 😉

37MNT, un tratamiento minucioso y a detalle para un teatrista

En definitiva, la 37 Muestra Nacional de Teatro (MNT)  fue una oportunidad única de aprendizaje y reflexión. Las clínicas, fueron espacios para el desarrollo del trabajo físico y creativo. En un inicio, desconocía el por qué se denominó clínicas a estos espacios. Había escuchado este término cuando se referían a algo médico o bien, a espacios para el aprendizaje pero quería saber por qué les llamaban así… Me fui a la RAE.[1]

Del lat. clinĭcus ‘propio del enfermo’, ‘propio del lecho’, y este del gr. κλινικός klinikós, der. de κλίνη klínē ‘lecho’; la forma f., del lat. clinĭce, y este del gr. κλινική klinikḗ.

Eso como referente, más ocho definiciones que hacían alusión únicamente al uso práctico de la medicina en un establecimiento y que aparentemente, nada tienen que ver con el teatro.

Luego, reflexionando al respecto de este concepto en relación al ejercicio teatral, me vinieron a la mente otras palabras -según yo, parecidas- que han surgido en los estudios de teatro, como el trabajo de laboratorio de J.Grotowsky, la técnica o incluso método de C.Stanislavski, el psicodrama de J.L.Moreno, la antropología teatral y hasta la partitura de acción de E.Barba

El punto de encuentro que observo entre estos conceptos es que todos parecen señalar hacia una minuciosidad o estudio a detalle en lo que respecta a algún área de las artes escénicas. Entonces pensé, que las “clínicas” proporcionarían momentos para la creación, la reflexión, el diálogo con otros y sobretodo el estudio a detalle de las metodologías de las compañías, y el análisis minucioso de los procesos creativos e investigaciones realizadas por los grupos para llegar a una puesta en escena elegida por la Dirección Artística para la Muestra. El resultado fue sorpresivo y por ello, decidí escribir mis impresiones en este ensayo a modo de descripción de una experiencia al asistir a una clínica médica… Creo que esta metáfora, lejos de ser una pretensión de originalidad, puede ayudarme a comunicar mi experiencia como participante en las clínicas de la 37MNT. Cabe resaltar que, para fines de este texto, el orden de las clínicas no es cronológico, para ello, puede consultarse la página de la Muestra en el apartado de Calendario. Espero que, al finalizar el escrito, el lector pueda obtener -más que sólo la descripción de metodologías y coincidencias observadas- una historia, si es que puede llamarse así, o más bien, un conjunto de ideas conectadas que describen lo vivido por una becaria regiomontana que asistió por primera vez a la MNT y que, durante algunos momentos de las clínicas, coincidió con el actor mexicano Mario Moreno Cantinflas cuando decía: “Ahí está el detalle”.

Luego de viajar sin dormir o comer bien cualquiera puede sentirse enfermo, y esta becaria no fue la excepción. Venía enferma; con una crisis post-obra-estrenada, post-crítica, y hasta post-problemas-de-egos… en fin. El estómago gritaba por comida casera. La cabeza había sido un armario de checklists, Q´s de indicaciones técnicas, diálogos, notificaciones en las redes sociales, fotos con sonrisas -unas falsas y otras verdaderas-, solicitudes amables a técnicos que trabajan -al parecer no por gusto- en un teatro… pendientes de utilería, de vestuario…ya se enfermó, ya se sintió, ya se enojó… ya le pagamos…ya se acabó… y entonces lo vacié. La cabeza pedía explicaciones, pero no las hubo. No había tiempo, ni nada que decir, sólo una maleta de viaje. Ahora pienso que vacié el armario no por gusto, ni por necesidad, sino por obligación, tenía que vaciarlo para que en mi viaje a San Luis pudieran caber los souvenirs filosóficos de la Muestra y entonces con ellos, a lo mejor podría encontrar un poco de paz para calmar tal crisis.

Entré a la clínica de la Compañía de Teatro Mexicano A.C. y Ricardo Caballero y si ya me sentía como paciente enferma, este lugar me hizo experimentar una enfermedad no sólo física, sino psiquiátrica.

Al inicio, se nos pidió hacer acciones o tomar actitudes específicas que los demás del grupo desconocían; luego, nos dividimos en dos subgrupos. Uno de ellos, formaba parte de los enfermos que estaban en tratamiento, en donde Ricardo Caballero jugaba el papel de terapeuta, haciendo preguntas, en tono de juicio evaluativo negativo. Por otro lado, el segundo subgrupo estaba con las otras líderes de la clínica, quienes actuaban como normalmente lo harían en un grupo con enfermos mentales, proponiendo dinámicas de integración y juegos de coordinación motriz. Luego, cada subgrupo cambió de lugar para hacer el otro ejercicio y finalmente, charlamos acerca de lo vivido.

Esta clínica me hizo reflexionar en que, desde mi percepción, la compañía se quedaba en la experiencia sensible de los participantes y que probablemente, no pasaba a la experiencia artística o estética. ¿Solución a la crisis? No. Pero sí aparecieron algunos pulsos en la cabeza: ¿Cómo definir en estos tiempos la experiencia artística o estética? ¿Qué tanta diferencia hay entre la experiencia sensible y la experiencia estética?

Llegué a la siguiente clínica: Cátedra Ingmar Bergman. Esta fue meramente informativa y tuvo una corta duración. Las exponentes, Marcela Duana y Mariana Gutiérrez, hablaron acerca de la iniciativa de la Universidad Nacional Autónoma de México, creada en el 2010, con el objetivo de contar con espacios para la reflexión y formación académica para ampliar y fortalecer la cultura teatral y cinematográfica en la sociedad mexicana. Desde mis ojos, veía una clínica con una gran infraestructura e importantes especialistas, y sin embrago, seguía sintiendo el armario vacío. Hasta que apareció el mejoralito: vi el texto impreso de “Miradas, Diálogos y Encuentros 2010-2015”, el cual, también está disponible para consulta en línea. Este libro, que contenía la documentación de los resultados obtenidos durante estos cinco años de trabajo en la Cátedra, me pareció que hacía benéfico el vaciado del armario, pues había espacio para leerlo, reflexionarlo, dialogarlo, fotografiarlo y buscar consultar con él después. Aunque ahora que lo pienso, más que un mejoralito, el libro fue como un doctor guapo que me indicó rápidamente la salida del lugar, mientras yo me quedaba con ganas de seguir con Miradas, Diálogos y Encuentros…

Luego, asistí a la clínica que propuso el Grupo de la puesta en escenaFábula Rasa. Esta compañía me dejó en la sala de espera. El grupo habló de la conceptualización, producción y percepción de Fábula Rasa (lo cual, ya había hecho en el ERI). Yo no tuve oportunidad de ver la puesta, pero por lo escuchado en el ERI, tenía muchas expectativas pues creí que podría encontrar muchas similitudes con mi trabajo en el teatro. Durante la clínica, también explicaron acerca del mapping, y la producción multimedia que utilizan en su puesta. Desde mis ojos, era como estar en una sala de espera, buscando y preguntando a los especialistas: ¿cómo encontrar el punto de equilibrio para que el mapping y la producción multimedia sea un lenguaje integrado a la propuesta escénica y que no quede como una herramienta efectista en el teatro? Salí con las mismas dudas y supuse que el vaciado del armario era peor de lo que creía, pero al final, mis compañeros y yo concluimos que esta es una pregunta que tenemos que seguir investigando… Ahí, como dijo Cantinflas, ahí estaba el detalle de esta clínica. Y me lo llevé de la sala de espera, como quien toma una revista vieja, de esas que parecen no importarle a nadie.

Cuando entré a la clínica “Dispositivos emergentes a partir del espectador”, de inmediato me recibieron Darío Álvarez y Sayuri Navarro para aplicar un intravenoso: el performance como dispositivo en el proceso de creación.

La clínica inició con un juego de intercambio de roles entre especialistas y espectadores/pacientes. Luego, los creadores explicaron que, dentro de sus investigaciones escénicas y procesos creativos, ellos utilizan el concepto de “dispositivo”, propuesto por Foucault y luego, re-interpretado por Giorgio Agamben como “cualquier cosa que tenga de algún modo la capacidad de capturar, orientar, determinar, interceptar, modelar, controlar y asegurar los gestos, conductas, opiniones y los discursos de los seres vivientes.” (2006) Después de la plática, hicimos una actividad de creación a partir de palabras/dispositivos que detonaron acciones, e intervenciones artísticas y políticas.

El intravenoso me hizo repensar. Retomé los pedacitos quebrados en la cabeza y me decidí por empezar a reconstruir todo aquello que era necesario rescatar del vaciado del armario. El orden que le di a los pensamientos fue el siguiente:

  1. En el proceso de creación de dispositivos puede que el público reaccione como uno quiere, reaccione de otra manera completamente distinta o no reaccione.
  2. Al buscar un encuentro con el espectador, se debe también buscar la experiencia de este, es decir, debemos partir de la necesidad y las sensaciones del espectador, luego crear y después ir hacia el mismo espectador.
  3. Al ser creadores, habría que pensarse como si fuéramos espectadores de nuestras obras y plantearse las preguntas: ¿Qué le quiero dar al espectador? ¿Qué quiero que se lleve en la mente? ¿Cómo puedo hacer que el espectador se active sin incomodarlo? Cuando creamos, debemos de buscar que en la puesta se generen momentos de intimidad y verdad con alguien. Confiar en el otro, es decir, el teatro se convierte en un acto de fe.
  4. En relación a los conceptos de performance y la performatividad dentro del teatro, hay que asumir el riesgo al fracaso y buscar siempre estar en el aquí y ahora.
  5. Cuando se lleva el teatro a espacios donde no hay, ya hay una intervención y esta es una acción política, no sólo artística, pues se está diciendo que en tal lugar no existen las condiciones necesarias para decir lo que se quiere decir, por lo tanto, la intervención es el acto político de crear o modificar una realidad en un espacio determinado.

En la clínica de Universos Estéticos, la amable enfermera se convirtió en mi cómplice… bueno, casi… al menos me hizo pensarlo: “El teatro necesita cómplices” – Conchi León (2016)

La dramaturga, actriz y directora compartió sus experiencias con el grupo, por lo que en esta clínica, pensé en que hay muchos puntos de coincidencia entre lo que propone Conchi y la metodología de trabajo que llevamos a cabo en el colectivo El Viaje (@elviaje.arteycultura), en donde también utilizamos detonadores estéticos, como por ejemplo la imagen, la música, la palabra, la literatura, estos para llevar a cabo las propuestas visuales y de representación durante nuestros procesos creativos. Por todo esto y más, durante esta clínica vi reducirse la gran distancia territorial que existe entre Yucatán y Nuevo León, y todo gracias al teatro. Por lo que coincido con esta frase distintiva de la muestra: “El teatro nos une”.

Y para quienes gustan de escribir monólogos, la autora recetó la bibliografía de Adrián Vázquez y Edgar Chías, luego como un ejercicio de escritura creativa, nos invitó a responder algunas preguntas, como por ejemplo: “si ustedes escribieran su propia biografía, ¿cuáles serían sus referentes?”

Otro día llegué a la clínica de la Compañía de teatro de la Universidad de Veracruz, a la cual busqué por lo que entendí que eran sus servicios de primeros auxilios y parecía ser una buena opción para la supervivencia, es decir, parecía una esperanza para aquellos que buscamos la auto-sustentabilidad en el teatro.

Luego llegó el amable especialista y aclaró el punto. La compañía está sostenida por la UV, quien les proporciona salarios estables para 25 personas y espacios para trabajar. El grupo cuenta con una bodega, un espacio de ensayos, un auditorio/teatro para 48 personas, una bodega de vestuario (de diferentes épocas), un taller para utilería y escenografía, y un presupuesto anual para producción, que excede el millón de pesos.  Con todo esto, los teatristas viven, producen, ofrecen talleres a público general, niños, jóvenes y grupos independientes, rentan vestuario, y ofrecen los espacios escénicos, siempre y cuando, no los estén utilizando.

Pienso que, si la Universidad de Veracruz no estuviera apoyando a estos teatristas, probablemente no serían lo que son ahorita, por lo tanto, no creo que esta compañía sea autosustentable. No obstante, sería bueno que más instituciones tuvieran esta iniciativa, la cual detona un círculo virtuoso con visión a corto, mediano y largo plazo, en donde hay artistas mejor preparados, más y mejor producción teatral, espectadores más críticos, y, por ende, una mejor sociedad.

Luis Mario Moncada, actual director de la compañía, compartió algunas estrategias que servían como receta para lograr la sustentabilidad en los grupos:

  • Tener un espacio físico de trabajo
  • Material y equipo reusable (un patrimonio mínimo)
  • División clara de funciones o puestos de trabajo
  • Definir presupuesto para los proyectos

Es curioso cómo, en una ciudad como Veracruz, en donde existe esta compañía desde hace más de treinta años y un movimiento teatral tan importante, estén dándose situaciones tan violentas, como las que describen en su trabajo “El puro lugar” y una corrupción sin medida y sin vergüenza…

Todo esto me hace cuestionarme lo siguiente: ¿Es la opresión resultado de los gobernantes despertando y reconociendo el poder que tiene el arte? ¿Es la opresión más resentida, cuando los ciudadanos han sido más expuestos al arte? ¿Qué sería de Veracruz si no hubiera tantos artistas produciendo? ¿Qué sería del país, si hubiera más instituciones apoyando al teatro y la cultura, como la UV? Obtener estos comprimidos no me costó mucho, de hecho, salí de ahí como quien sale del Seguro, un tanto fastidiada y decepcionada por no encontrar la cura que todos buscamos, pero agradecida por la receta y la medicina gratuita.

Por último, llegó el paso por la clínica de Jaime Chabaud, en la que me convertí en testigo de una operación a corazón abierto. El especialista no tomó en cuenta si éramos pacientes, enfermeros, voluntarios o doctores, el sólo se dedicó a usar el bisturí para abrir su propio corazón:

“Yo teatrista no soy un chingón en todo…” (Chabaud, 2016)

Y los presentes nos dimos cuenta que el hombre tenía razón… Es necesario operar, aunque sea de vez en cuando… Había una trayectoria de XV años como director de la revista Paso de Gato, así que, tan pronto hizo el llamado, todos tomamos nuestro propio bisturí.

“Los teatreros nos entendimos como empresa… con profesionales que hacen lo que no sabemos hacer”. (2016)

Chabaud invitó a los participantes de la clínica a ser agentes de cambio y dejar las quejas y las críticas negativas a un lado, para poder sobresalir, pero sobretodo, para poder sobrevivir y seguir creando con calidad dentro y para una sociedad quebrada.

El proceso de presenciar y experimentar la operación a corazón abierto fue abrumador, pero necesario. La clínica terminó con el remiendo perfecto, una fotografía tomada con el celular, para luego ser guardada en el armario.

Mientras transcurrió la Muestra sucedió algo extraño, porque por un lado, mi cabeza recibía un montonal de souvenirs filosóficos (no sólo proporcionados por las clínicas, sino por toda la experiencia, ERI, clínicas, obras de teatro, congreso, citas con programadores, etc.); algunos pulsos eléctricos que partían de una pregunta de un becario en el ERI y abrían cinco más con la promesa de agorearlas[2]… electroshocks Olmoseanos[3] y Salmeronianos[4] del Congreso; la homeopatía provista por Zazil Torres y David Jiménez, receta que no funcionaba si no había disciplina en el tratamiento; la pomada del punchis punchis escuchado y bailado en el Ágora; las curitas en los grupos de whatsapp de becarios… y por otro lado, había mucho cansancio físico y mental, me inundaba la angustia de que nuestros vecinos del norte acababan de abrir paso a Trump, mientras este cerraba paso a los mexicanos… nosotros abriendo Paso de Gato y peleándonos por tener el último ejemplar… agoreando, charlando, yendo a clínicas, intercambiando souvenirs… operando el corazón y la cabeza.

Sin duda, la crisis cultural en México es muchísimo más grande que las crisis de los teatristas, pero entiendo que es sólo a través de estos tratamientos minuciosos y a detalle, que algunos enfermos (afortunados) logramos despertar y si acaso se nos da de alta, quizá podamos compartir esa buena salud con otros que se dejen.

Días después al tratamiento de la Muestra, me pregunto: ¿y ahora qué? Y surgen sólo tres palabras: seguir haciendo teatro. Todas las demás ideas son para agorearlas, así que hagámoslo… ¡Salud!

 

[1] Real Academia Española, 2016: http://dle.rae.es/?id=9TNmHzU

[2] El término fue acuñado después de que, durante las reuniones de trabajo de becarios surgían inquietudes y discusiones acaloradas. Con el objetivo de mediar, los coordinadores David Jiménez y Zazil Torres, decían: “todas esas ideas son para agorearlas”, es decir, para platicarlas en el Ágora. Éste es un centro nocturno ubicado en el corazón de San Luis, que se ofreció como punto de reunión para teatreros de la Muestra que quisieran exponer algún tema, presentar algún monólogo o proyecto, o simplemente bailar, platicar y tomar.

[3] En honor a las aportaciones hechas por Enrique Olmos en el Congreso Nacional de Teatro.

[4] En honor a las aportaciones hechas por Andrea Salmerón en el Congreso Nacional de Teatro.

 

Algunas memorias…

La locura maravillosa de Lewis Carroll/ Lewis Carroll´s wonderful madness

A punto de cerrar noviembre -mi mes favorito por la celebración de mi nacimiento y mi no-cumpleaños 😉 y mes para celebrar el aniversario número 150 de la publicación de “Alice´s adventures in wonderland” (Alicia en el país de las maravillas)- quiero aprovechar para escribir de mi experiencia en la exposición de arte del Harry Ransom Center (Austin, – Feb. 10 a Julio 6), la cual llevaba el mismo nombre que la novela de Charles Lutwidge Dodgson, mejor conocido como Lewis Carroll.

La aventura comenzó con datos históricos e imágenes de tres personajes reales: la verdadera Alice, niña en la que se inspiró el autor: Charles Lutwidge Dodgson (conocido por su seudónimo Lewis Carroll), quien era el segundo en la museografía, y John Tenniel, el ilustrador de la primera versión impresa.

IMG_9341Las páginas de la expo se desdoblan ante nuestros ojos para ir conociendo los antecedentes del ingenioso autor (además matemático), pero también los diferentes medios por los que ha pasado este cuento, distintos lenguajes a los que se ha traducido y otras tantas curiosidades producidas desde su primera publicación hasta la fecha.

Impresionante cómo la historia de Alice ha inspirado a tantos a crear en los últimos 150 años. El museo expuso piezas de Salvador Dalí, adaptaciones para ensayos de crítica al consumismo y a la política (“Malice in Kultureland”, “Adolf in Blunderland”), libros con ilustraciones en 3D, instalaciones grandes de pasajes del libro y hasta secuencias de imágenes que contaban la historia con los primeros cinescopios.

Mientras los adultos recordábamos nuestra infancia y los niños desarrollaban su imaginación; todos podíamos divertirnos con juegos de cartas, de té, de cálculo y de palabras…

Me gustan las exposiciones de ensueño como esta. Siento que invitaba a regalarse un tiempo para corretear a la imaginación, para celebrar el “no-cumpleaños” número 150 de Alicia, y a agigantar el conocimiento, mientras nos dimos permiso de creer que en algunos momentos de locura se pueden encontrar también grandes ideas con verdades maravillosas.

 

Testigos de “un lugar privilegiado”/ Witnessing a “privileged spot”

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Durante los últimos tres meses me he topado con ciertas manifestaciones sociales extremas del interés y la indiferencia por los derechos civiles y la igualdad: la obra de teatro: “The mountaintop”, las fotografías expuestas en la biblioteca de Llilas Benson, la figura de Martin Luther King Jr., objetos encontrados, las pláticas con algunas personas y ahora la exhibición en el Blanton Museum, la cual, detonó mis sentidos y la pluma…

El lobby del museo es de un azul celeste que se va oscureciendo hacia la pared de la primera sala. Poco a poco fui sumergida como a un mar, un mar de lágrimas de color, un color que inició en los muros para después enchinarme la piel: “Witness: Art and Civil Rights in the Sixties”, exposición temporal de Feb. 15 a Mayo 10.

Blanton Museum of Art02

…Una piel dividida en dos, una mezcla sangrienta ambientada con una pieza de jazz con letra de protesta, interpretada por Nina Simone: (“Mississippi Goddam”, 1965)… La documentación de una puerta cerrada a la oportunidad…El activismo consumiendo ideas Pop de Andy Warhol y otros artistas… El grito de Yoko Ono contra el viento, la pared y el cielo… Un puente entre seres humanos cantado en Selma… Unos cuantos soñadores rezando por no ser devorados por perros enmascarados de autoridad…

Todo bajo una sola bandera, encabezada por estrellas blancas y adornada con barras horizontales que, después de 50 años de la guerra por los derechos civiles, denotan paz e igualdad pero siguen teniendo ríos rojos divisorios.

EL113.028_Gilliam_Red-April_428HSin duda, una exposición que presenta el color de la piel de una sociedad reseca, producto de sus luchas intravenosas que emergen en forma de piezas artísticas para luego penetrar hasta la conciencia y el alma del mismo cuerpo.

— Reflexionando y sintiendo algo más…

Podemos trabajar por seguir flotando en el azul, mientras el verde de nuestra tierra no exija raíces, mientras el rojo siga estando bajo la piel y mientras el blanco nos permita cruzar la frontera…

Como en el museo,
Vemos banderas similares: sigue habiendo división,
Oímos jazz, godspell, country, inglés, español, spanglish y pocho…yoko ono´s scream
Nos sumerjimos en el Facebook,
Consumimos sopa Campbells…
Olemos la combinación del río, con la fruta del HEB y el nuevo tester de body lotion que nos pusimos para olvidar el olor de la democracia echada a perder, la autoridad caricaturizada, perros enmascarados devorando a la sociedad. Gritamos como Yoko Ono… y luego volvemos al trabajo.

2012.80.16_Jarrell_Urban-Wall-Suit_428HPodemos estar en un lugar privilegiado,
Como espectadores en el museo, si nos incomoda una pieza nos movemos. Indiferentes.
Pero también podemos ser testigos del lugar privilegiado… podemos incomodarnos como participantes, evitando la indiferencia, votando por la humanidad: Cantemos por más puentes como el de Selma, construyamos puertas para abrirlas a las oportunidades, oremos por nuestra tierra, por nuestra sangre… Actuemos desde el arte, los escenarios, las palabras, las aulas, las redes sociales, desde nuestros trabajos o desde nuestro hogar… Alcemos nuestra voz para luego escribir una nueva historia, y día a día diseñar la exposición que se presentará dentro de 50 años en los museos.

Imágenes tomadas de: https://www.brooklynmuseum.org/exhibitions/witness_civil_rights/#

During the last three months I´ve been seeing extreme expressions of social interest or indifference for the civil rights and equality: the play “The mountaintop”, the exposition in the Llilas Benson Library, objects found, people´s conversations and now, the exhibit in the Blanton Museum, which detonated my senses and my pen…

The museum´s lobby had a light blue color that darkened. Little by little, I was submerged in a sea, a sea of colored tears, a color that started in the walls of the museum and continued under my skin: “Witness: Art and Civil Rights in the Sixties”, temporal exhibit from Feb. 15th. to May 10th.

Blanton Museum of Art02

…A divided skin… a bloody mixture ambiented with a jazz piece with protest lyrics, interpreted by Nina Simone: (“Mississippi Goddam”, 1965)… A documented door closed-for-opportunities…Activism consuming ideas that popped out of Andy Warhol´s mind and other artists…Yoko Ono´s scream against wind, wall and sky… A bridge between human beings sung in Selma… a few dreamers praying not-to-be devoured by dogs with authority masks…

Everything under a flag, led by white stars and embellished with horizontal bars which, after 50 years of the civil rights movement, denote peace and equality but are still divided by red rivers.

EL113.028_Gilliam_Red-April_428HDoubtless, a breath-taking exhibit that presents the colored skin of a dry society, product of the intravenous struggles that emerge through artistic pieces capable of penetrating the consciousness and soul of the same body.

— Reflections and feelings after the experience.

On our own… We keep working to float in the blue… while the green of our land does not demand roots, while the red is still beneath our skin, and while the white lets us cross the border…

yoko ono´s screamLike in the museum, we see similar flags; there´s still division. We hear jazz, godspell, country, english, spanish, spanglish and pocho… We´re submerged into Facebook while consuming a campells soup… We smell the combination of the river, with the HEB fruit and the new body lotion tester that we wore to forget the odor of a rotten democracy, a caricaturized authority,  masked dogs devouring society. We scream like Yoko Ono… and then, we continue working.

We can be in a privileged spot, like a spectator in the museum, for if we feel 2012.80.16_Jarrell_Urban-Wall-Suit_428Huncomfortable with a piece, we can move indifferently.

But we can also witness the privileged spot… we can become uncomfortable participants, avoiding indifference, voting for humanity.
Let´s sing for more Selma bridges, build doors and open them to opportunities. Let´s pray for our land, for our blood. Let´s act from the arts, stages, words, classrooms, social networks, from our jobs, or from home… Let´s raise our voices and then write a new story, designing day by day the exhibition that will be presented in museums 50 years from now.

Images from: https://www.brooklynmuseum.org/exhibitions/witness_civil_rights/#